Tengo ganas de vomitarrrrrr
Voces, sólo voces, como ecos;
como atroces chistes sin gracia.
Hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra.
Y mis ojos maltratados se refugian en la nada
y se cansan de ver un montón de caras y ni una mirada.
Una nueva noche fría en el barrio,
los tranzas se llenan los bolsillos.
Las calles son nuestras, aunque el tiempo diga lo contrario.
Y los sueños no soñados,
ya se amargan la garganta y se callan.
Y eso, casi siempre (o siempre), les encanta.
Van quedando pocas sonrisas,
prisioneros de esta cárcel de tiza.
Se apagó el sentido,
se encendió un silencio de misa.
Menos horas en la vida, más respuestas a una causa perdida:
de porqué los sentimientos, vuelven con el día.
Solo, como un pájaro que vuela en la noche
(libre de vos...pero no de mí)
Vacío, como el sueño de una gorra.
Lleno de nada, sin saber donde ir.
Duro como un muerto en su tumba que murió de miedo,
por el valor de vivir.
Las nubes no son de algodones y las depresiones son maldiciones.
Te va distrayendo, te enrosca,
te lleva y te come.
Te lastima y no perdona y en algún lugar te roba la cara,
la sonrisa, la esperanza, la fé en las personas.
Callejeros
Soy una animalito de costumbres, entiéndase: como a tal hora, en cierto lugar de la mesa, tomo el té en una taza específica, apago el televisor cada noche en un canal determinado, la radio en una estación y volumen específicos, pongo la plata en el bolsillo derecho y las llaves en el izquierdo, jamás al revés. Día tras día sigo al pie de la letra todas estas costumbres, usos, manías y si por alguna razón del destino no pudiera cumplirlas por olvido, o porque alguien se sentó en mi lugar, tomó mi taza, apagó después que yo el TV o usó el equipo de música, no puedo evitar la sensación de que algo malo va a suceder. Como si al quitar una de las latas que forman la pirámide de supermercado que son mis costumbres, todo se va a derrumbar. Es sólo una sensación, que pronto mi razón se encarga de controlar, pero no puedo impedir sentirla tan pronto como algo sale de su lugar.
De un tiempo a esta parte, me había acostumbrado a que cada mañana llegara algo. Y se había vuelto parte de mi rutina ir a buscarlo cada día. Hasta que una mañana dejó de llegar. Y el animalito de costumbres que vive en mi, temeroso de las consecuencias, no hace más que preguntarse si es por algo que dije, o por algo que no dije, por algo que hice, por algo que no.
que Marilyn Manson actuaba en Los Años Maravillosos
que los hijos de primos nacen con síndrome de down
que Britney y la bruja Sabrina hayan tenido un accidente en auto
que Don Ramón se murió en el terremoto de 1985
que Juan Darthes canta bien
que Natalia Oreiro cante o actúe bien
que el Profe Córdoba sabe mucho de fútbol
que Cristina Ricci es linda
que Cacho Castaña es yeta (por las dudas tóquense igual)
que las mujeres no se tocan
Tengo gripe. Odio estar enfermo. Me parece que me estoy muriendo. Quisiera dormime y que al despertar ya se haya ido. ¿Saben de alguien que se haya muerto de gripe?
Aquí les adjunto el virus:
Me siento a ver televisión. Pero no miro. Pienso. Pienso mucho, demasiado, como todo el tiempo. Pienso tanto que no me permito siquiera disfrutar las cosas lindas de la vida, porque les doy vueltas y vueltas en mi cabeza hasta encontrarle la más pequeña arista que termina convenciéndome de que es algo malo. Pienso tanto que por las noches no me puedo dormir sino hasta dos horas después de acostarme. Pienso en lo que decía Tenesee Williams hacia el final de su obra El Zoo de Cristal: El tiempo es la distancia más larga entre dos puntos. No es que busque llegar a ninguna conclusión. Sólo acaba de llegarme a la cabeza y me pregunto que carajo habrá querido decir con ello. El televisor muestra a un perro corriendo en circulo tratando de llegar a su cola. Me da ganas de pegarle una patada. No me gustan mucho los animales. Pienso en que si escuchara a alguien diciendo eso pensaría que es una mierda. Miro la heladera. Atrás están la escoba y el portero. Pero no importa. Me acuerdo que a la tarde un compañero me contó que no se quien a los 19 años ya había viajado a EEUU para cubrir el mundial 94. No es un gran logro, pero qué carajo hice yo en estos 19 años. Nada. Ni siquiera se que hacer con mi pelo. ¿Si me lo cortara?. Leo Rayuela, pero algo me hace sospechar que no pasaré del diez para llegar al cielo. Que número de mierda, el diez. Estúpido compañero de mis épocas de estudiante en el polimodal y verdugo maldito a la hora de sortear un tema para el trabajo de la uni. Pero me gusta como número. Tiene algo de redondo. Otro día al pedo. Son todos bastante iguales. Me levanto porque hay que levantarse. Me baño más por costumbre que por higiene. Como porque es la hora de comer, aunque en realidad no tengo hambre. Y luego leo, miro tele, escucho la radio, acumulo datos. Cada vez me convierto más en la enciclopedia de lo que no le importa nadie con la que me comparó un amigo. Pienso en que en dónde escuche eso de que no hay diferencia entre la ignorancia y el exceso de información. Miro el reloj de la pared. Está atrasado como cinco minutos. Tendría que acomodarlo. Pero no tengo ganas.¿Qué hago con mi tristeza crónica, con mi aburrimiento congénito, con mis ridículas ínfulas de poeta maldito?. Pienso. Pero todavía no entiendo lo de los puntos y el tiempo.